Olivia Delicias Ushuaia: volver a las raíces

Emprender 29 de noviembre de 2020 Por Ignacio Giménez
La pandemia por el COVID-19 nos obligó a repensar todo nuestro sistema. Estuvo (y está) estrictamente relacionada con nuestro vínculo con "el otro". Sentirlo como factor de contagio y pensarnos a nosotros como tal, nos obligó a cambiar hábitos tan naturales como el saludo. Esta distancia, más el aislamiento, escarbaron lugares profundos y llegaron a nuestras fibras más sensibles. Olivia Delicias Ushuaia es un emprendimiento gastronómico que logra tocar una de ellas: nuestra familia.
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Todos los días al regresar de la escuela a la casa de mi abuela, tenía un ritual: mientras atravesaba el pasillo de su casa, sentía el olor de la comida e intentaba adivinar qué estaba cocinando. No importaba qué tan oscura haya sido la jornada, el plato sobre la mesa, su saludo y la caricia en la mejilla paliaban cualquier inquietud o frustración. Aún recuerdo el olor a lavandina en las manos de mí abuela “Lita”, producto de limpiar durante toda la mañana. 

IMG_6421Obsesiva por el orden y la limpieza, iniciaba sus jornadas a las 5 de la mañana. Luego de algunos mates “caminados”, salía a barrer el patio (y la terraza, para evitar que las hojas vuelvan a ensuciar), limpiaba las canaletas, lavaba y tendía la ropa y enceraba el piso. A las 8 me despertaba para irme a la escuela y, una vez preparado mi desayuno, empezaba a regar las plantas. Los días en la casa de mi abuela se reproducen como una película nostálgica al pensar en la historia de Olivia Delicias Ushuaia, el emprendimiento de budines de Mariela y Alexis. 

Luego de un viaje largo por Europa, Mariela llegó a Ushuaia en plena temporada turística. Hasta conseguir un trabajo, decidió dedicarse a vender budines en un círculo muy íntimo. Buscar una receta no sería problema. Tenía la de María Luisa, su abuela

“Me crié con mi abuela. Tenía a mí mamá y a mi papá, pero como trabajaban estaba siempre con ella. Esta receta era como su caballito de batalla, no fallaba.”

Lo único que debió modificar, en principio, fue la forma (el de María Luisa era una rosca, y Mariela utilizó moldes clásicos rectangulares). La segunda tarea más importante fue registrar las medidas exactas del instructivo. Con ayuda de Alexis y la balanza de su tía, pudo medir cuánto usaba de cada ingrediente. La histórica receta de su abuela pasó a estar escrita y pudo reproducirse con mayor precisión. IMG_6449

Y cuando Alexis le propuso lanzarse a la pileta e ir con todo, Olivia Delicias Ushuaia dejó de ser un proyecto para convertirse en un emprendimiento gastronómico que no para de crecer. Además, es el espacio en el que Mariela explota todo su potencial creativo y se permite innovar constantemente. No sólo realiza budines clásicos (vainilla, chocolate, marmolado de café, manzana, banana), sino que tienen un listado de “especiales” con sabores como espinaca, zanahoria, remolacha, yerba mate e, incluso, cerveza negra. Además ofrecen opciones integrales. Los budines familiares suelen tener más de un kilo. Todos en un rango de precios desde $200 hasta $650.

Y el crecimiento no se limita sólo a los sabores del catálogo, sino a las mismas fronteras del emprendimiento. Para el Día de la Madre realizaron desayunos (un nuevo producto que llegó para quedarse) que integraban elementos de otros emprendimientos. Ofrecían las tazas sublimadas de @Apunto o los mates de lenga de @Camelot. Los chips de jamón y queso también son de otro productor local. Olivia crece e incluye a otra gente para crecer en conjunto. 

Ya hemos hablado del consumo colaborativo en el artículo sobre “Zuleika, Boutique de Arte y Diseño”. Esto se entiende como una tendencia a abandonar la posesión del producto para facilitar su acceso. Las cuentas de Netflix son un ejemplo de esto. Un usuario compra el producto y hasta cuatro pueden usarlo. En este caso, cada caja de desayuno, cada combo, cada oferta se transforma en un espacio en el que convergen productos que no necesariamente son de Olivia. 

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La estética no es negociable. Alexis piensa cada caja con una forma y un color específico. A veces las condiciones de isla  no nos permiten ser muy ambiciosos. Ya sea por las dificultades de acceso a algunos productos o la oferta limitada, pero ambos hacen todo lo posible para hacerle frente a esto. Cada elemento entra en la caja como un rompecabezas, en el que no quedan espacios libres:

“El otro día una clienta quería romper la estética de la caja. Quería sacar algunos productos porque la madre ‘no era muy dulcera’. Nosotros pensamos los tamaños para que queden bien en la caja. Prefiero sumarle dos chips de jamón y queso y no sacar los budines. Porque los sacás y cuando mires la caja vas a decir ‘algo está faltando acá’.”

Todo lo que se hace en Olivia Delicias Ushuaia es un trabajo en equipo. Ambos son fotógrafos. Maru se ocupa de la preparación, pero Alexis del batido. Entre los dos piensan la estética de cada caja, de cada producto.

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Los precios son otro desafío. Aunque la calidad es la prioridad de sus productos. Prefieren que el costo de sus budines sufra ciertas modificaciones a reducir la calidad de la materia prima. Con los elementos del packaging ocurre lo mismo. El “toque casero” tampoco es negociable. Si bien buscan llevar su emprendimiento a un espacio más “ecoamigable”, lo cierto es que la bolsa plástica es la que permite conservar la humedad del budín por más tiempo.

Olivia Delicias Ushuaia no sólo es un emprendimiento familiar por la tarea de Alexis y Mariela. Sino porque sus familias están estrictamente vinculadas. A las bolsitas del café (incluidas en el desayuno) las hace una prima. La balanza de una tía permitió el registro de la receta. Incluso, en los encuentros familiares se degustan los nuevos productos.

El vínculo de Alexis y Mariela, el amor de ella por María Luisa y su creatividad decantaron en un proyecto familiar, que nos permite acariciar con cierta nostalgia la memoria de nuestras raíces. No son productos comerciales, no tienen sabores químicos. Los budines de Olivia Delicias Ushuaia tienen ese toque “casero” que siempre nos lleva nuestra infancia. 

Su proyecto, su historia, su pasión, me permitieron recorrer el pasillo de la casa de mi abuela, atravesar la galería y encontrarme con ella, esperándome con la comida. Un pensamiento tan necesario en los tiempos que corren. Mariela y Alexis no sólo nos ofrecen un budín. Nos ofrecen un legado, una historia y un escape del encierro en el que todos nos encontramos.  

IMG_2001La pandemia  nos atraviesa a todos. Hace más de ocho meses que explotó la crisis por el Covid-19 y ahora nos toca enfrentarnos a una nueva enemiga: la “Fatiga pandémica”. La Organización Mundial de la Salud advierte que se trata de una  "desmotivación para seguir las recomendaciones de protección y prevención que aumenta con el tiempo". Esta desatención de las medidas viene acompañada por síntomas graves o moderados de depresión (falta de interés, desesperanza, decaimiento, entre otros). 

Para enfrentarla, el Organismo recomienda motivarse, ya sea a través de actividades o de alguna frase que nos levante el ánimo. Es sustancial volver a pasar por aquellos lugares donde nos sentimos queridos, cuidados y contenidos, en épocas de crisis e incertidumbre. 

Pasé meses intentando escribir este artículo. Hoy escuchando el audio de la entrevista, frente a otro intento, pude alejarme de esta frustración que nos acompaña a todos por el momento que atravesamos. Y recordar lo hermoso que es amar a nuestras raíces. Esto me dieron Alexis y Mariela, la posibilidad de recordar y “volver a pasar por el corazón” un fragmento de mi infancia, al tiempo de saborear un riquísimo budín. Hoy volví a escribirle a Lita después de mucho para decirle cuánto la amo, y, aunque está a 4 mil kilómetros, me atreví a adivinar qué estaba cocinando. 

Ignacio Giménez

Comunicador Social, certificado en Design Research y análisis de Experiencia de Usuarios. Amante de la historia, la literatura y la política.

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