Hecho Bolsa: Pequeñas acciones para grandes cambios

Emprender 02 de septiembre de 2020 Por Ignacio Giménez
Ushuaia nos invita a repensar el paisaje. Quienes llegan de aquellas ciudades llenas de cemento logran otro contacto con la naturaleza. Nos juntamos con Mai y Maxi para hablar sobre sus emprendimiento de bolsas reutilizables, su lucha por la reducción de los plásticos de un uso y su compromiso con el ambiente.
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Hace algunos años, durante mis estudios secundarios, tuve el gusto de ir a un campamento ambiental. Éramos todos jóvenes, coordinados por docentes del colegio y algunos otros enviados por Nación. Durante una de las cenas, alguien preguntó para qué servía eso que estábamos haciendo.  Una de las profesoras se levantó y empezó a narrar un cuento:

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La historia se trataba sobre un escritor que todas las mañanas iba a la playa a caminar para inspirarse. Un día, luego de una gran tormenta, vio a una niña que se agachaba, juntaba algo de la arena y lo lanzaba al mar. Se acercó y le preguntó qué hacía. La muchacha le explicó que, por una tormenta, las estrellas de mar quedaron en la costa y, si no las devolvía al agua, morirían por el calor. El hombre le dijo que eso no tenía sentido, porque había kilómetros de playa y muchas iban a morir de igual manera. A lo que la joven, con una estrella en la mano, respondió “para ella sí tiene sentido” y la devolvió al mar. 

Cuando me senté a escribir este artículo, ese recuerdo llegó inmediatamente. Nada me resulta más similar a esa fábula que la historia de Mai y Maxi, una pareja que decide llevar adelante una pequeña acción para cambiar el mundo. “Hecho bolsa” es un emprendimiento familiar y ambiental, dedicado a reducir el consumo de bolsas plásticas de un uso, remplazándolas por otras hechas de friselina gruesa.

La idea nació como algo propio. Vieron que usaban un montón de plástico en la verdulería. Identificaron eso como una problemática y decidieron hacer algo para cambiarlo. Querían una segunda opción y durante la cuarentena por el COVID-19 (decretada en Tierra del Fuego el 16 de marzo, por el Gobernador, Gustavo Melella) empezaron la producción para ellos. 

En inicio compraron un metro de tela. La madre de Maxi les regaló los materiales y les prestó su máquina para que puedan empezar. Muy disimuladamente publicitaron esa producción inicial. Hasta que en una cena con un matrimonio amigo, les hicieron un pedido. Desde entonces “Hecho bolsa” no dejó de crecer.WhatsApp Image 2020-09-02 at 11.30.38 (1)

 
Actualmente cuentan con dos tamaños de bolsas, chicas y grandes. Los precios buscan ser accesibles para cualquiera, por lo que varían entre ciento cincuenta y trescientos cincuenta pesos. Uno puede comprar una sola o en combos; para hacerse de ellas sólo hace falta comunicarse con Maxi y Mai a través de su cuenta de Instagram: @hechobolsa.ush.  

El nombre es un juego de palabras, una frase popular y un llamado a la reflexión –y a la acción-, todo en uno: menciona la actividad del emprendimiento haciendo uso de la frase popular que refiere a que está en muy mal estado. Y, a su vez, nos hace pensar “en qué estado se encuentra el planeta”. En este punto hallé, nuevamente, algo recurrente en todos los encuentros: la militancia vinculada a los emprendedores. 

Quienes emprenden lo hacen por necesidad o por gusto, sí. Pero en la marcha suelen unirse a alguna causa. Maxi y Mai decidieron defender la causa ambiental: abandonando las bolsas de plástico de un uso como primera medida y sensibilizando e informando a su público, como tarea constante. 

Con el avance de su proyecto descubrieron que tener bolsas reutilizables no es suficiente: lavarlas en lavarropas hace que desprendan microplásticos. Y los niveles de estos residuos en la bahía de Ushuaia son preocupantes. Se asemejan a los hallados en las costas de las grandes urbes europeas. El número alarma, sí, pero no queda ahí. La producción diaria de Residuos Sólidos Urbanos en nuestra provincia es mayor que la del Chaco: 91 toneladas diarias. En nuestra ciudad el índice diario per cápita es de 1,7 kilos. 

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Mai y Maxi nos dan una nueva opción.
Nos ofrecen movernos a un modelo de desarrollo sostenible. Un proyecto de progreso que nos permita satisfacer nuestras propias necesidades, sin comprometer la capacidad de satisfacerlas de las próximas generaciones. Una estructura que pueda, efectivamente, sostenerse en el tiempo. 

Vivimos tiempos de crisis y de reflexión. El aislamiento y el posterior distanciamiento nos obligaron a repensar nuestras estructuras, nuestros hábitos de consumo, nuestra relación con el otro. Pero por sobre todo, la pandemia nos forzó a entender que ciertas prácticas son inviables. Posiblemente no logremos devolver todas las estrellas al mar, ni evitar que todos los plásticos terminen allí. Pero estos proyectos y sus acciones pequeñas, constantes y conscientes nos ayudan a entender que nosotros y nuestro obrar, somos el cambio en movimiento.  

Ignacio Giménez

Comunicador Social, certificado en Design Research y análisis de Experiencia de Usuarios. Amante de la historia, la literatura y la política.

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