Ser vecinos en épocas de cuarentena

Actualidad 08 de junio de 2020 Por Ignacio Giménez
La iniciativa de aplaudir a todos los trabajadores de Servicios Esenciales fue a nivel mundial. Ushuaia no fue una excepción. A lo largo del aislamiento los ushuaienses rindieron tributo a todos aquellos que no pudieron interrumpir sus actividades para resguardarse del Covid-19. No obstante, hubo una cuadra de la ciudad que decidió alegrar sus noches y estrechar los vínculos de la vecindad: los habitantes de la calle Alfonsina Storni al 2000.
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Hoy, luego de 84 días, finaliza el Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio en Tierra del Fuego. Fue decretado el 16 de marzo, por el Gobernador, Gustavo Melella, como medida central frente a la pandemia por el COVID-19. Cuatro días después el presidente de la República Argentina, Alberto Fernández, tomó la misma medida para todo el territorio argentino. 

En todo el país el objetivo fue el mismo: achatar la curva de contagios y evitar la mayor cantidad de muertes. ¿Qué es achatar la curva? Estirar el número de casos a lo largo del tiempo, para evitar un pico de infectados que sobrepase las capacidades del sistema sanitario. Esto le daría tiempo al Gobierno Nacional, y a los Provinciales, de contar con los insumos, espacios, elementos y profesionales necesarios para cuando llegue el punto máximo de contagiados. 

El encierro fue un balde de agua fría. Con mi familia armábamos las valijas para volver desde Rosario cuando se decretó el Aislamiento en Tierra del Fuego, junto con el cierre del Paso Fronterizo San Sebastián. Nuestro viaje de vuelta fue agotador. Había que conducir muchas horas y no nos dejaban ingresar casi a ninguna ciudad. Varias localidades obstruían los ingresos, ya sea con montículos de tierra o con consignas policiales. 

Ya en casa, el clima era desolador. Debíamos aislarnos totalmente por 14 días, para asegurarnos de que no estuviésemos contagiados. Ninguno podía trabajar, por lo que la economía familiar era, como poco, preocupante. Todos temíamos por la salud de alguien y, las cenas que solían ser charladas, eran silenciosas. O así lo fueron durante las primeras semanas.

Una noche, mientras comíamos, el aire se podía cortar. Nadie levantaba la vista de su plato, salvo para realizar algún comentario de actualidad: “15 casos en Rosario, che”, “está rica la comida”, “no hace nada de frío”, “¿irá a llover?”. Hacía algunos días que nuestros vecinos habían empezado a aplaudir a todos los trabajadores de “actividades esenciales” pero la iniciativa no tenía mucho éxito. Hasta que de golpe, sin que nadie lo espere, mi vecino Marcelo Lakich, decidió sacar un parlante a la calle y poner “Color Esperanza” de Diego Torres. 

El impacto fue instantáneo, mi tía y la pareja de mi papá empezaron a llorar inmediatamente y todos fuimos a la puerta a ver qué pasaba. Espontáneamente, sin convocatoria, sin anuncio, sin pedido, sin nada, todos los vecinos se asomaron a las ventanas y comenzaron a hacer palmas. Esa acción de una noche, se transformó en el ritual nocturno de todos los vecinos de mi cuadra, durante meses. 

“Después de la primera noche dije ‘puta qué lindo’, con mi familia vimos que bailaban y entendimos que la gente necesita alegría. A los temas musicales le sumamos el himno” me contó Marcelo durante una larga charla telefónica que compartimos. Algo que en otros tiempos era impensable.

La familia Lakich creó un grupo de Facebook en el que hablábamos, compartíamos alguna noticia, pedíamos algo en caso de necesitarlo o elegíamos qué tema musical queríamos escuchar a las 21. Sin importar si llovía, si hacía frío o había viento, todos los vecinos salíamos y cumplíamos con el ritual nocturno que nos salvaba del agobio del encierro. 

“Es algo que se espera, nosotros a las 20.45 ya empezamos a preparar todo: ponemos a calentar el auto para tocar bocina, colgamos el cartel, nos abrigamos y esperamos la hora estando listos”, me dijeron Susana y Beto cuando les pregunté sobre la actividad de todas las noches. 

La práctica fue mutando y dándonos cada vez más alegría. Así, los fines de semana resolvimos escuchar dos canciones, de preferencia bailables, para alegrarnos. Alguna vez hicimos un karaoke, de vereda a vereda, respetando todas las medidas sanitarias. Todas las noches, la ronda musical cerraba con la introducción del Himno Nacional en armónica, que tarareaba toda la cuadra al unísono. Incluso, para el 25 de mayo, Marcelo y su familia hicieron locro para repartir. Susana y Beto compartieron pasatafrolas y mi familia roscas para el mate. 

Según el Consejo General de la Psicología de España, para mitigar las consecuencias de la cuarentena es sustancial evitar el aburrimiento y mejorar la comunicación. Y, en cuanto a esto, la unión vecinal fue un salvavidas para todos los de mi cuadra. Antes de entrar de nuevo cada uno a su casa nos saludábamos y nos dábamos apoyo: “Vamos, una noche más”, “buenas noches a todos”, “descansen”, “cuídense”, “abríguense que hace frío, che”.

Hoy, que ingresamos a la etapa de Distanciamiento Social y damos por finalizada la cuarentena, todos aquellos rostros conocidos a los que uno saludaba por cortesía, tienen nombre, apellido y existe, como mínimo, alguna anécdota en común. Ahora sabemos que Marcelo es jubilado, y tras las noches de aplausos, aprendimos que tiene tres hijos que estudiaban en Buenos Aires (a los que les dimos la bienvenida). Sabemos que Beto es Técnico de Fútbol y que Susana es chef y repostera. Ellos saben que a mí me gusta escribir y que tengo un Portal de Noticias. 

El Aislamiento nos sirvió para unirnos, para crear lazos. ¿Qué mejor forma que esta para entender que comunicarse es “poner algo en común”? Hace días dejamos el ritual nocturno, porque con la flexibilización ya no necesitábamos un salvavidas que nos rescate de una cena incómoda o de un día agobiante. Pero aunque eso terminó, los lazos estrechados son la evidencia latente de que en épocas de crisis, nada es tan importante como la solidaridad y entender, siempre, que la Patria es el Otro.  

Ignacio Giménez

Comunicador Social, certificado en Design Research y análisis de Experiencia de Usuarios. Amante de la historia, la literatura y la política.

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