Kipa: Militar y contener la vida

Emprender 09 de febrero de 2020 Por Ignacio Giménez
Nos juntamos con Iara, de Kipa, para saber un poco más sobre ella y su emprendimiento. Nos contó sobre sus productos y su militancia a través de las palabras y a favor de deconstruir las “tareas masculinas”.
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El estrés era moneda corriente en la vida de Iara Baudino, una joven trabajadora hotelera superada por la vorágine del rubro turístico. Sus días consistían en recibir clientes –que no siempre eran amables- y escuchar jefes –que generalmente tampoco lo eran-. 

La vida del trabajador de turismo suele verse sometida a ritmos que no son propios: “mi jefe me ha llamado a las once de la noche porque no encontraba una lapicera en el hotel”. Iara había destinado su tiempo a su trabajo y su salud se lo hacía notar: sufría insomnio, tuvo signos de alopecia y bajones emocionales. Hallaba refugio en sus plantas y en su familia.  Pero cansada de ese ritmo, buscó una idea que le permita dar un giro a su vida. DSC_0048

 Siempre tendió a desmitificar las actividades entendidas como “masculinas”. Cursó sus estudios secundarios en un colegio técnico. Ya egresada se dedicó al turismo, estudió  carpintería un año –como pasatiempo- y al cuidado de sus plantas –como cable a tierra-.

“¿Qué puedo hacer con esto?” fue la pregunta que impulsó su empresa. “Siempre me parecieron bastante desagradables las macetas de plástico que hay en todas las casas, entonces empecé a buscar opciones para poner plantas”. Y una de las tantas noches de desvelo que destinó a buscar sus nuevos horizontes halló la respuesta: macetas de diseño hechas en cemento.

Iara se quería asegurar de que sus “compañeras” puedan tener un lindo refugio y que a su vez pueda embellecer las casas de sus clientes. Con el tiempo encontró el microcemento, una opción para reemplazar el concreto. Era igual de resistente, secaba más rápido y pesaba la mitad. 

La dificultad de Kipa no fueron las ventas, ni el diseño. La musa de Iara era su vida cotidiana: su familia, sus perros, sus plantas y sus amigos la inspiraban a crear nuevos productos. Creó posavasos que se transformaron en ceniceros. Vio un jabón blando por el agua contenida e ideó una jabonera y cuando notó un espacio vacío inventó una estantería para rellenarlo. 

La dificultad de Iara fue el sistema que condicionaba (y condiciona) a las mujeres a realizar artesanías y decoraciones con los productos de una ferretería. Aquel que hace creer a los hombres que las mujeres no tienen lugar en “comercios masculinos”.

Pero siempre tuvo herramientas para defenderse y defender su labor. Junto con su compañera “Coti” pudieron sacar adelante su emprendimiento. Hoy Iara trabaja sola en Kipa, vende en redes sociales, distintas ferias y showrooms. Sobre su primer aparición oficial al público nos contó:

“Empezamos a buscar nombres, salió Kipa –mujer en lengua Yagán-. Coti empezó a diseñar un logo. Fuimos a la primera Feria Vegana con 60 macetas con plantas y vendimos casi todo. Llevamos cuatro cajones con los productos y volvimos con uno por la mitad. Fue impresionante”.

Hoy Kipa sigue adelante y ya cumplió un año en el mercado. Vende macetas –con o sin plantas-, jaboneras, platos para el desagüe de las macetas, ceniceros, posavasos y repisas, todo en microcemento, en diferentes colores e intervenidas con dibujos, frases o mandalas. Cada maceta es el resultado de tres días de trabajo, entre pintura, secado y laqueado. Pero gracias a su extensa dedicación sus productos son resistentes y durables, aún ante las inclemencias climáticas del exterior. DSC_0042

Iara es una militante, pero sobre todo una realizadora. Su pasión no quedó en el cuidado de las plantas y ya, ella buscó devolver a la naturaleza la contención silenciosa que halló en ella. Cuando notó que su salud estaba comprometida, buscó dar un giro en su vida. Y cuando una idea revolotea por su taller y se posa sobre su mente, decide realizarla, siempre con pasión y dedicación. 

Tal vez, lo más llamativo de Kipa, es que reúne en un único proyecto un conjunto de causas. En su nombre valida la lengua nativa. En su tarea deconstruye las tareas masculinas. Con sus productos reduce el uso de plásticos y motiva a la gente a cuidar la vegetación. Y con el testimonio de su creadora, motiva a potenciales emprendedores a concretar sus ideas y demuestra que la militancia atraviesa todos los aspectos de la vida.  

Ignacio Giménez

Comunicador Social, certificado en Design Research y análisis de Experiencia de Usuarios. Amante de la historia, la literatura y la política.

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